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lunes, 25 de enero de 2010

"Los años locos", versión local


Bueno, yo pasaba por allí cuando se vivió esta auténtica revolución en el esquí de fondo. Primero en la competición y luego en la práctica de disfrute. En el periodo de apenas un par de temporadas pasamos de una disciplina totalmente consolidada a esa misma disciplina con dos técnicas tal y como las conocemos hoy en día; con su propias carreras, especialistas, materiales, etc. La transición no fue nada amigable y conocimos hasta conatos violentos entre esquiadores. Algunos, de hecho, no la superaron nunca.
Pensad que en el momento más crítico ni se planteaba que pudieran existir estilos y era una cuestión de valentía el salir a una carrera con o sin ceras. Los organizadores se sentían perdidos y la rapidez con que los crack se adaptaron al nuevo estilo los acobardaba a la hora de poner límites. Seguramente el término estilo "libre" que se le daba a esa carreras (¿no se siguen llamando así hoy?) viene de ahí; que cada uno se lo monte como pueda. La pólemica la traía el que los que enceraban se sentían lógicamente afectados, sobre todo y, curiosamente, en el hecho de ver rota "su" huella. Ya se oían comentarios de "clasicómanos" que consideraban que con su huella intacta se las verían con cualquier patinador. Otro punto de conflicto, éste llegaba a lo físico, era el de los adelantamientos, ya que se precisaba más ancho de pista para adelantar y ser adelantado.
En fin, que al final, no eran (eramos) pocos los que salíamos con ceras y acabábamos patinando. Es curioso, pero recuerdo que el componente que le dábamos, algunos por lo menos, era un poco como un enceraje plus, –le doy esto y lo otro y bueno, en lo duro patino y listo!!! Que nivel!!!!
Un caos, vamos. Según se consolidaba el estilo surgieron los especialistas (al principio existía la vinculación skating-recorrido corto-atletafuerte y alterno-recorrido largo-atletafino) y las técnicas de preparación (radio macuto hablaba de que no se sabía qué equipo hacía sesiones de 200 km en bici... !sin sillín¡ Corría el rumor también de que los "orientales" (!existía el telón de acero¡) muy castigados en el campeonato del mundo de Seefeld de 1985 (vídeo de Rafa), iban a montar una federación y deporte aparte sólo para "clásicos". Quien lo diría ¿eh?
La transición fue más lenta –creo– en el material. En el vídeo que cuelga Rafa se puede ver a Svan con las míticas zapatillas Salomon "rojas y amarillas". Al final no dejaban de ser modificaciones estéticas de lo que fue la verdadera revolución de dejar la horma ancha, pero nada más. La clave (para mal) era que la fijación pie-esquí se situaba fuera del pie (por delante) y así el control del esquí alzado era muy difícil. Las fijaciones eran mucho más blandas, los esquís conservaban el arco, la dureza y longitud necesarios para hacer alterno... Tendrían que pasar algunas temporadas para que Salomon "metiera" el anclaje debajo de los dedos, hiciera botas (lo anterior eran zapatillas), etc. Luego comenzaron a verse esquís con las espátulas recortadas (los ojos dejaron de correr peligro), bastones-pértiga e incluso la FIS tuvo que regular la longitud mínima de los esquís en 1,80 ante la fiebre de llevar patines bajo los pies.
Aquí os dejo una prueba gráfica de algunas carreras de la época afectadas por la fiebre "chitonen" (lo escribo mal en homenaje a la pronunciación desvergonzada de la época).
Ah! a ver quien descubre Somport?

Luis Ibergallartu

jueves, 21 de enero de 2010

Los años locos

En el post anterior sobre skating hacíamos referencia a una época en la que hubo grandes cambios en el esquí de fondo. Hasta el año 82, las cosas no habían cambiado mucho, el material había mejorado sustancialmente con la incorporación de las suelas de plástico y el uso de parafinas sintéticas, haciendo los esquís más rápidos, la preparación de las pistas ayudaba también lo suyo, pero la técnica se mantenía sin grandes cambios. Sin embargo, a partir de aquí y hasta 1986 se iba a producir una auténtica revolución con el uso del medio patinador primero y el patinador después: fueron los años locos del esquí de fondo, hasta que se establecieron las dos modalidades para configurar el panorama tal y como hoy lo conocemos. Luego, en el 87, vendría la Cera F para poner la guinda al pastel.
Cuando hablamos del medio patinador, los mayores os acordaréis perfectamente de aquella antipática técnica destrozahuellas, pero igual los más jóvenes os preguntaréis si hablamos en serio cuando decimos que sacábamos un pie para patinar mientras llevábamos el otro encarrilado en la huella y empujábamos con un impulso simultáneo de bastones. ¿Que os suena a chiste?, pues nada, poneos cómodos y... ¡dentro vídeo!

1984. Olimpiadas de Sarajevo, Marja Liisa Hamalainen gana la prueba de 20 Km. La finlandesa ganó también los 10 y 5 Km. Buen ejemplo de medio patinador.



1984. Las mismas Olimpiadas, relevos chicos. Fijaos en la salida, el tercer esquiador, pantalón blanco, hace skating durante un rato en un tramo sin huella, en algún breve momento más adelante, algún relevista hace también medio patinador.



1985. Campeonatos del Mundo en Seefeld, 50 Km y todo el mundo haciendo medio patinador como locos bajo una potente nevada, gana el mítico Gunde Svan, segundo el no menos mítico Maurilio De Zolt.



1985. Seefeld, 30 Km, aquí hay de todo, patinador, medio patinador, simultáneo. Lo que no veréis es a nadie haciendo un paso alternativo, ni siquiera combinado. Es a la vista de esto que los noruegos se tiraban de los pelos al grito de ¡El esquí clásico ha muerto! Realmente, la separación de estilos fue una bendición.
Nueva victoria para Gunde Svan.



La separación de estilos en competición oficial se estableció por primera vez en la Copa del Mundo en 1986, las primeras Olimpiadas que lo aplicaron fueron las de Calgary dos años después.
Es una suerte que haya gente que suba estas grabaciones a Youtube. El Gran Bazar Virtual nos ofrece a veces, además de cantidad de cosas de dudoso valor, pequeñas joyas como estos documentos históricos para disfrute del aficionado.

martes, 19 de enero de 2010

La verdadera historia del skating

Así titula su autor, Jack Sasseville, entrenador del equipo canadiense en la época en que Siitonen y compañía comenzaron a sacar un pie de la huella, este bonito artículo que repasa aquella época de descubrimiento que cambió profundamente el panorama del esquí de fondo.

Ya hablamos de ello en otro post y de cómo en determinadas situaciones de difícil enceraje, hubo algunos avanzados que descubrieron que era más rápido renunciar a la cera de agarre y patinar. Sasseville nos da cuenta de algunos de esos episodios históricos, de cómo la nueva estrategia se fue extendiendo como la pólvora y de las reticencias y obstáculos que los más tradicionalistas se empeñaban en poner hasta que tuvieron que aceptar la realidad y crear dos disciplinas diferentes.

Es raro el deporte que no evolucione, sobre todo si implica tareas complejas de coordinación corporal. Cuando Dick Fosbury comenzó a saltar de espaldas al listón, los expertos miraban escépticos y divertidos, cuando ganó el oro olímpico en 1968, dejaron de divertirse y decidieron tomar cartas en el asunto, hoy todos los saltadores utilizan el Fosbury como técnica de salto de altura. Si además hay en juego herramientas o materiales susceptibles de mejora tecnológica, los caminos de esa evolución se multiplican, pensemos en el ciclismo, en el salto de pértiga o en el esquí alpino. Comparemos la postura de un saltador de los que ilustran la portada del libro de F. Tuduri con la de los saltadores de hoy.

Esa evolución no se va a detener ahora, claro, y estaría bien imaginar hacia dónde se dirigirá en el esquí de fondo. Tras un repaso sobre la evolución de la técnica del skating, es justamente lo que hace Jack Sasseville al final de su artículo. Él dice que las pruebas puede que las tengamos delante, no hay más que observar la técnica de los corredores de sprint en skating, dice. El ángulo de abertura de sus esquís es sensiblemente más reducido que en distancias largas y el gesto, la flexión corporal, se parece cada vez más a la del impulso simultáneo. Esto tiene una ventaja biomecánica obvia, reducir el impulso hacia los lados supone incrementarlo hacia delante , que es justamente adonde tenemos que ir . Y tiene un inconveniente también obvio, afrontar la pendiente directamente con el esquí es mucho más fatigoso, por supuesto. Pero Sasseville nos advierte de que este era, precisamente, el inconveniente que sus detractores veían al patinador antes de que Andi Grunenfelder ganara una prueba de la Polar Race en Tornio (Finlandia) patinándola entera en 1984, con una técnica a priori mucho más fatigosa. Lo cierto es que la evolución de la técnica arrastra tras de sí la adaptación tipológica corporal de los atletas. Probablemente los campeones del esquí de fondo de antaño, curtidos en su estilo y en pruebas largas, serían atletas con una capacidad pulmonar portentosa y unas potentes extremidades inferiores, hoy, además de eso, les vemos lucir un tren superior igualmente portentoso. Este pasado diciembre, en una prueba de biatlón, y perdonad la imprecisión de mis datos, pero no soy Xabi Del Val (te agradecería que me ilustraras luego en un comentario, Xabi), veíamos llegar al último Km a Bjorndalen en compañía creo que de un ruso y de Svendsen, bastante más corpulento. El rubio agonizaba en cada repechito tratando de seguir el ritmo infernal que le marcaban sus dos compañeros de cabeza, se descolgaba incluso unos metros. Pero, hay amigos, en la recta final cada remada de Svendsen era como tres de las de los otros, era como ver remar a Castro al lado de la Donostiarra.

martes, 28 de julio de 2009

Historia del origen del skating

Recuerdo perfectamente la primera vez que vi hacer skating. Era una mañana de ventisca en el circuito de Candanchú a principios de los 80. Dos monitores de la E.E.E. con sus pantalones de alpino y cubiertos con chubasqueros rojos tipo capa, de esos que llegan hasta la rodilla, se paseaban entre los “fondistas” que mirábamos aturdidos a aquellos personajes que se movían balanceándose fuera de la huella de forma tan poco elegante. Si no fuera por la autoridad que se les suponía a los protagonistas, las carcajadas hubiesen sido sonoras. Hoy, unos cuantos años más tarde, debo reconocer que en algunos momentos de debilidad, llego a apreciar incluso una cierta belleza en el gesto aparatoso y desmedido del paso patinador, además de que, por supuesto, he tenido que pasar por el aro y aprender a practicarlo (y a disfrutarlo).

La paternidad de este estilo la comparten dos famosos esquiadores, el estadounidense Bill Koch y el finlandés Pauli Siitonen.
Bill Koch fue el primer (y único de momento) americano en conseguir una medalla olímpica, la plata en los 30 km en Innsbruck 1976. Comenzó a competir con el medio patinador alrededor de 1980 y ganó la Copa del Mundo en 1982.
Fue sin embargo el finlandés el que parece que abandonó del todo la huella para practicar el paso patinador. Especialista de las grandes distancias , cuenta en su palmarés durante los años 70 con victorias en la Vasaloppet, la Hiihto varias veces y la Konig-Ludwig-Lauf, también varias veces. La victoria en esta última utilizando el paso patinador debió granjearle la inquina de la comunidad de esquiadores alemanes, pues según cuentan, el famoso cartel de “prohibido esquiar a lo Siitonen” debió verse por los circuitos alemanes hasta principios de los 90.
Hay quien dice que el desencadenante de todo esto fue la necesidad y así, en alguna carrera de condiciones imposibles de encerar, Siitonen se vio obligado a salir de la huella ante la falta de agarre de sus ceras y poner en práctica el paso, que seguramente ya tenía más que ensayado, consiguiendo dejar muy atrás a sus rivales.
De todas formas, el medio patinador ya se conocía para la época de Koch y Siitonen y estrictamente hablando, tendríamos que remontarnos más atrás para encontrar a los verdaderos “inventores” de esta técnica. Lo que sí hicieron estos dos fue ponerlo en práctica y darlo a conocer, sobre todo, claro, porque ganaban carreras con ella. Así que probablemente es justo considerarlos como los impulsores del skating.
Hay un aspecto fundamental y que juega un papel determinante en la implantación de la técnica y es el uso, a partir de los años 70 de las grandes máquinas pisapistas, que empezaron a compactar la nieve de forma que el paso patinador resultara verdaderamente eficiente. Probablemente, con estos protagonistas o con otros, el estilo hubiese terminado imponiéndose de todas formas.
Los inicios no estuvieron exentos de polémicas y así hubo detractores, sobre todo los noruegos y defensores, especialmente americanos e italianos. Hubo prohibiciones y obstáculos para que finalmente en 1986 el skating como estilo separado se introdujera en la Copa del Mundo y en 1988 en las Olimpiadas de invierno de Calgary.
Hoy, la convivencia de ambos estilos se asume con naturalidad y, lejos de suponer un problema, enriquece el deporte del esquí de fondo.
Ocurre como en la natación, ¿os imagináis un cartel diciendo “prohibido nadar a crawl”? y sin embargo la historia es muy parecida a la del esquí de fondo, en 1870, la introducción del crawl dio un baño (nunca mejor dicho) a los tradicionalistas de la braza ingleses y fue en las Olimpiadas de St Louis en 1904 (las terceras de la era moderna) la primera vez en que, además de la espalda, se hacía la distinción entre crawl y braza, la mariposa se introdujo más tarde, ya a mediados del s XX.

(Fotografías en BN obtenidas de http://sport.err.ee/
Arriba Bill Koch en los 70
Abajo Pauli Siitonen encabezando un grupo)