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viernes, 29 de abril de 2011

Ser el segundo apesta, ¿verdad?: Los niños trofeo


Aún a costa de ser pesados y que lo hemos visto varias veces en cvcfondo, volvemos con este tema. Es nuestra responsabilidad, la de los clubes, equipos, entrenadores, federativos y todos aquellos que tengan alguna responsabilidad sobre la formación deportiva de los niños, protegerlos de los abusos.

Aunque el contenido de este reportaje pueda parecer a veces grotesco, cuidado. Obviamente, nadie puede pretender hacerse rico con el esquí de fondo en España (si pensamos en otros deportes el documental resulta absolutamente pertinente), pero el móvil económico no es el único que puede empujar a actitudes contrarias a los intereses del niño y, además, antes de llegar al esperpento de los casos ilustrados en el vídeo, hay un amplio recorrido más allá de lo razonable y también censurable.

El reportaje titulado “Los niños trofeo” se emitió en enero en Documentos TV, quienes no lo visteis podéis hacerlo en este enlace, 49 minutos si aguantáis sin ir a vomitar.

¿Quién protege a estos niños de sus padres?

martes, 2 de noviembre de 2010

Niños, deporte y educación


Oportuna y atinada la iniciativa del Ayuntamiento de Valencia que, como vemos en esta noticia marca, en la que han llamado “Guía de actuación del buen papá”, las pautas de comportamiento de los progenitores frente a las actividades deportivas de sus hijos. Podéis ver aquí dichas recomendaciones.
Oportuna y atinada en una sociedad en la que la profesionalización del deporte y el negocio que orbita a su alrededor han ido arrastrando a éste a un grado de exigencia excesivo, a un protagonismo excesivo, a una catalización de sentimientos y pasiones excesiva y a una sublimación del deportista como modelo al que aspirar en la vida, también excesiva.
Los pardillos como yo, que creen en un modelo de deporte para todos, de deporte como experiencia lúdica, de deporte como actividad complementaria de la formación personal, flipamos cuando vemos la actitud de los “aficionados al deporte” con los que comparto grada en Anoeta, y eso que nuestro club (el de fútbol) presume de tener uno de los públicos más correctos. No os digo nada de aquellos que trasladan esos comportamientos a un partido de infantiles o de cadetes. Los padres que tenéis chavales que juegan al fútbol sabéis de qué hablo. Principalmente a ellos va dirigida esta guía de actuación pero, como comentábamos hace poco, esas pautas de actuación se ven también en otros deportes, incluido el nuestro.
Así que, ya sabéis, apliquémonos el cuento.

Rafa

viernes, 10 de septiembre de 2010

Niños y deporte


Entre las noticias escalofriantes a las que los medios de comunicación nos tienen acostumbrados hay unas que a veces se disfrazan de hazañas, moviéndose en la frontera de la ambigüedad entre la gesta humana y la tortura más cruel (aquella infligida por quien precisamente debería ocuparse de nuestra protección). Me refiero a las “hazañas” deportivas protagonizadas por niños, como el niño que subió al Everest o la niña que en estos momentos da la vuelta al mundo en solitario en un velero. Ejemplos extremos de cómo no debe entenderse  el deporte en su práctica infantil.

La explotación de los niños en el deporte es denunciada en un completo documento titulado “Niños en competición”, publicado por la organización Save the Children y de lectura obligada para quien trabaja con niños en el deporte.

Es cierto que algunos casos descritos en dicho documento pueden resultarnos ajenos en una lectura superficial, sin embargo, si contextualizamos la información, nos encontramos con que en nuestra sociedad desarrollada, basada en la cultura del estado del bienestar, con los privilegios que la tecnología, el conocimiento y la abundancia de los recursos nos ofrecen, hay casos en los que el límite de lo aceptable se supera con creces. Todos conocemos algún caso e incluso lo hemos podido vivir directamente. Deportes como el fútbol, donde las expectativas económicas ciegan a veces el buen juicio de muchas familias, no son el único ejemplo. A veces, el ansia de ganar toca la vanidad de los adultos, sean progenitores o entrenadores, más allá de los intereses del niño y lejos del objetivo prioritario en esa época de la vida, formarse como persona antes que como campeón.

Me gusta esta reflexión que hace Joseba Barron en su blog senkirol:  La competición no forma personas, las pone a prueba. Saca la máxima capacidad física de cada uno y la evalúa en un listado por orden de llegada. Esto en los más jóvenes es un anacronismo. El deporte debe hacerte disfrutar y si no ganas debes reconocer y felicitar a quien te ha ganado. “Si yo entreno mucho y tú me has ganado, debes entrenar mucho más y te mereces esta victoria”.

Tengo la suerte de convivir, desde hace unos años, con un grupo de personas que trabajan con niños intentando transmitirles la pasión por el deporte, el deporte como parte integrante de su personalidad junto a otras muchas facetas, un deporte que sea fuente de salud y de satisfacciones y por qué no, una escuela de vida para ellos. Visto así, el pódium está muy bien, pero es un objetivo secundario. Como padre y como deportista, no lo puedo ver de otra manera.

Rafa

viernes, 19 de junio de 2009

Esquís para niños


En un post anterior se abordaban los aspectos a tener en cuenta en la elección de unos esquís de fondo. Este nuevo post puede servir de complemento a aquél, fijándose en un área muy particular de usuarios donde la elección del material es también muy importante, aunque lo sea por distintas razones.
Si el esquiador adulto, sea profesional, aficionado o incluso dominguero como yo, busca el máximo rendimiento del material para disfrutar deslizando un poco más (un poco más que el de al lado, se entiende), en el niño las prioridades deben ser otras. Todo en él se debe contextualizar, entendiendo el deporte, cualquier deporte, como un medio para su desarrollo, tanto físico como psicológico.
El objetivo aquí debe ser que el niño se sienta cómodo, domine el medio y el material y disfrute el esquí como una actividad placentera. Buscamos que haya una continuidad en la actividad deportiva, sea o no competitiva, que pueda acompañarle a lo largo de toda su vida y que esto que a nosotros tanto nos gusta, no se convierta para ellos en un mal recuerdo de la infancia.
Y lo que parecen divagaciones filosóficas viene a cuento porque uno de los elementos que más va a condicionar la relación del niño con el esquí va a ser precisamente el material.

Decíamos en el anterior post que había que tener cuidado de no elegir esquís demasiado exigentes en las subidas. En los niños esta precaución debe ser extremada, priorizando siempre un buen agarre. No hay sensación más frustrante que tener que subir en tijera donde los demás van cómodamente por la huella. El desgaste físico añadido por la falta de agarre, sobre todo en situaciones de fatiga, además de interferir en la mejora del gesto, puede acabar con la afición de nuestros pequeños.

Son dos las causas que pueden hacernos caer en este error.

Esquís demasiado duros. Los esquís cortos fabricados específicamente para niños suelen ser blandos y de buen agarre, sin embargo, llega un momento o bien hay casos concretos en que por estatura y peso el niño suele necesitar esquís de adulto. No olvidemos en estas situaciones, que sigue siendo un niño (o un adolescente) y que por mucho que haya desarrollado una técnica adecuada, su fuerza no es todavía comparable a la de un adulto. Prudencia y buen juicio.

Esquís demasiado largos. Suele ocurrir que intentemos que los esquís les duren más de una temporada, sobre todo si utilizamos material de calidad y por tanto de coste elevado. Hay dos opciones para evitar esto, utilizar esquís más corrientes pero adaptados a su medida o bien comprarlos de su medida y alargar su uso aunque le queden algo cortos. Cuando los esquís no sean de su medida, mejor cortos que largos.

Esquís de skating, esquís de clásico. Ya es bastante gravoso el que nuestros hijos tengan que cambiar a menudo de esquís, pero es que además los tienen que cambiar a pares. A veces vemos a chavales de 10 años correr con esquís de skating encerados para hacer clásico. Obviamente no es la mejor solución, pero lo extraño a mi juicio es que esos chavales, teniendo sólo un par, no tengan esquís de clásico. Entiendo que es en el esquí clásico donde deben asimilar la técnica básica, interiorizar el gesto, desarrollar el equilibrio y optimizar la transferencia del peso (tan importante), para después y como complemento, practicar el skating.

Esquís de ceras, esquís de escamas. Es bonito iniciar a los niños en el mundo de las ceras y es instructivo. Planteado siempre como un juego, el niño aprenderá a responsabilizarse del cuidado de su material, a tomar decisiones sobre el encerado y a intentar comprender las leyes ocultas que lo rigen. Por supuesto, el niño participará, con nuestra ayuda o la de sus entrenadores, en el encerado de sus esquís. En qué momento dar el paso dependerá de varios factores como la madurez y las ganas del niño, el tener o no el apoyo de alguien que le aconseje, etc. Debemos tratar de que el uso de las ceras sea enriquecedor y no una complicación añadida que haga al niño aborrecer el esquí y suponga una fuente de conflictos.

No olvidemos que el esquí de fondo es un deporte duro, es duro en sí mismo y por el medio en el que se practica, seamos cuidadosos y tratemos de no ponérselo más difícil.